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25 libros que me han influenciado

Hace que no escribo desde el puto 2022. Qué cosas, ¿eh? Vi una entrada en la Frikoteca y, no sé, me dio el venazo. “Bah, venga, hablo un rato de libros, qué más da.” Total, igual tardo otros dos años en soltar otra chorrada por aquí, pero bueno, mejor algo que nada, ¿no? XD. Y de todas formas esto se va a hundir en el fondo del océano digital, así que… para qué preocuparse. No voy a ponerme a hacer gilipolleces de Topsters ni movidas de esas para meter portaditas, paso. Los cómics tampoco, que eso sería jugar sucio y tendría que meter otros veinticinco títulos más. Y no todo lo que voy a exponer son joyas literarias. Son solo libros que a mí, en lo personal, me dejaron marca de una forma u otra. Mis comentarios van más de eso que de “oh, la calidad literaria” . Que además son títulos que conoce hasta tu abuela, así que nada, al lío:  1. Mitología Griega y Romana – Jean Humbert Esto lo leía de crío, tan pequeño que ni me acuerdo la edad. Mi favorito era Ajax. Ese no se arrodillaba ...
   ¿ Anteriormente recordaste algo sobre Martey, la persona a la que vas a matar? Si.   Soy un comedor de loto.  No sé, ni quiero saber.  
  El reloj de tu  muñeca   te dice que has perdido el ritmo. La suite privada de Martey está vacía. Las luces parpadean, el aire tiene el sabor metálico de la traición. Te acercas al escritorio donde debería estar el terminal con los registros del  dueño del club , pero sólo encuentras un  mensaje encriptado . Una advertencia:  "No se puede confiar en alguien tan lento." El corazón te late fuerte en la garganta mientras revisas los pasillos. Martey ha desaparecido.  No está en el club.  Y tú… estás demasiado cerca de un fallo irreversible... El aviso en tu HUD es claro, casi tan frío como la realidad:  "Exclusión activa: contrato fallido." Sientes que algo se cierra sobre ti. Escapas del lugar tan r ápido  como te es posible   sin caer en la cuenta de que tres figuras, con sus caras cubiertas por pantallas holográficas de color azul eléctrico, aguardan esperándote a pocos metros de la entrada. —Su error nos ha costado much...
  El terminal más cercano está en un kiosco de apuestas dentro del  Le Mirage , rodeado de apostadores borrachos y camareras de piel cromada que reparten tragos sintéticos.  Un entorno perfecto para pasar desapercibido. Te conectas con un implante táctil en la muñeca. El código ya está preparado, un virus de acceso que explotará una vulnerabilidad en la red del club. Te quedan  30 segundos  antes de que los firewalls reaccionen.  Tiempo estimado: 5 minutos.  (S úmalos  a los que ya tuvieses). El virus se desliza como una sombra. Primero, las puertas. Se desbloquean con un leve susurro. Luego, las alarmas. Silencio absoluto. Por último, los guardias. Reciben órdenes falsas en sus HUDs:  “Alerta en todo el nivel 96. Movilícense.” El caos comienza. Algunos clientes notan las puertas abriéndose y aprovechan la confusión para colarse en las áreas VIP. Un par de guardias corren en dirección equivocada. Tú te levantas del terminal sin mirar atrás....
  El pase clonado vibra en tu palma mientras te acercas a la entrada de empleados. La puerta tiene un lector biométrico, pero nada que tu spoof de señal no pueda engañar. Pasas el pulgar por la superficie fría y la luz roja parpadea antes de tornarse verde.  Acceso concedido. Dentro, el aire es más denso, saturado de nicotina sintética y sudor de los que trabajan tras bambalinas. No eres más que otra sombra en el corredor de servicio. Tu HUD traza la ruta óptima: tres giros a la izquierda, una escalera de mantenimiento, un conducto de ventilación.  Tiempo estimado: 5 minutos adicionales (S úmalos  a los que ya tuvieses). Pasas junto a un par de empleados que no te miran dos veces. A esta hora, nadie quiere hacer preguntas. Llegas al panel de seguridad en la sala de mantenimiento. No hay tiempo para un hackeo profundo, así que usas un override manual: Una descarga de corto alcance que congela el feed de las cámaras por  exactamente 90 segundos.  Te mueves rá...
  Les ofreces algo más valioso que unos cuantos créditos. Con un gesto sutil, despliegas en tu HUD una imagen, proyectándola sobre la lluvia y el asfalto. Es un fragmento de código, un exploit para forzar el acceso a los túneles de mantenimiento de la megatorre corporative en  Castel Beranger .  Para ellos, significa un atajo, un escondite, una vía de escape de la caza constante de los drones de seguridad. El mayor, el que lleva un implante ocular roto parpadeando con estática, se relame los labios agrietados. Mira a los otros. Asienten. —Bien jugado,   imbécil —escupe el insulto, aunque en sus pupilas negras notas respeto. Te devuelven la credchip. Una transacción justa. Continuas tu camino sin  más percances hasta  Le Mirage .  Los ascensores de levitación magnética hacia el nivel 97 son de acceso restringido, pero una sonrisa al portero y un rápido escaneo de retina te abren el paso. Arriba, las luces del club parpadea en tonos de neón violeta ...
 Te quedas quieto, dejando que los niños hagan su trabajo. No das pelea, ni siquiera reaccionas cuando sientes el leve tirón en tu chaqueta. Dejas que crean que han ganado. El grupo desaparece entre los callejones modulares, escabulléndose como ratas entre las rejillas de ventilación del metro. Pero tu HUD ya ha activado el protocolo de rastreo en la credchip.  Marcador activo. Distancia: 32 metros.  En su prisa por huir, han olvidado algo: la credchip tiene un bloqueo remoto. En diez minutos, será inútil. No los sigues. No necesitas hacerlo. En cambio, continúas tu camino. Los ascensores de levitación magnética hacia el nivel 97 son de acceso restringido, pero una sonrisa al portero y un rápido escaneo de retina te abren el paso. Arriba,  Le Mirage  parpadea en tonos de neón violeta y azul, un oasis entre el caos. La música retumba en ondas subsónicas diseñadas para alterar ritmos cardíacos, y el aire tiene el aroma químico de los cócteles moleculares. Tu objet...