Te quedas quieto, dejando que los niños hagan su trabajo. No das pelea, ni siquiera reaccionas cuando sientes el leve tirón en tu chaqueta. Dejas que crean que han ganado.

El grupo desaparece entre los callejones modulares, escabulléndose como ratas entre las rejillas de ventilación del metro. Pero tu HUD ya ha activado el protocolo de rastreo en la credchip. Marcador activo. Distancia: 32 metros. En su prisa por huir, han olvidado algo: la credchip tiene un bloqueo remoto. En diez minutos, será inútil.

No los sigues. No necesitas hacerlo.

En cambio, continúas tu camino. Los ascensores de levitación magnética hacia el nivel 97 son de acceso restringido, pero una sonrisa al portero y un rápido escaneo de retina te abren el paso. Arriba, Le Mirage parpadea en tonos de neón violeta y azul, un oasis entre el caos. La música retumba en ondas subsónicas diseñadas para alterar ritmos cardíacos, y el aire tiene el aroma químico de los cócteles moleculares.

Tu objetivo está dentro. Pero la cuestión es: ¿cómo lo alcanzas?

La ruta sigilosa. Usas un pase clonado para entrar por la entrada de empleados. Desactivas temporalmente las cámaras y te deslizas entre las sombras hasta el VIP lounge. Nadie te ve. Nadie te recordará. (Suma 10 minutos al tiempo que tuvieses anotado).

Intervención Directa. Desde un terminal cercano, infectas la red con un virus de acceso. Todas las puertas se abren, las alarmas se silencian y los guardias reciben órdenes falsas. Eso abrirá un camino rápido y violento en medio del caos. Riesgo alto, pero eficiente. (Suma 5 minutos al tiempo que tuvieses anotado).

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