El reloj de tu muñeca te dice que has perdido el ritmo. La suite privada de Martey está vacía. Las luces parpadean, el aire tiene el sabor metálico de la traición.

Te acercas al escritorio donde debería estar el terminal con los registros del dueño del club, pero sólo encuentras un mensaje encriptado. Una advertencia: "No se puede confiar en alguien tan lento."

El corazón te late fuerte en la garganta mientras revisas los pasillos. Martey ha desaparecido. No está en el club. Y tú… estás demasiado cerca de un fallo irreversible...

El aviso en tu HUD es claro, casi tan frío como la realidad: "Exclusión activa: contrato fallido."

Sientes que algo se cierra sobre ti. Escapas del lugar tan rápido como te es posible sin caer en la cuenta de que tres figuras, con sus caras cubiertas por pantallas holográficas de color azul eléctrico, aguardan esperándote a pocos metros de la entrada.
—Su error nos ha costado mucho dinero, señor Ishikawa —dice una voz robótica, cargada de desaprobación.

No hay tiempo para huir, no hay espacio para explicaciones. El error es impagable.

 Un destello de luz, y el zumbido del láser. El disparo se alinea con tu cráneo antes de que puedas respirar, y el mundo se desvanece, oscuro y definitivo. Tu cuerpo cae, inerte. Y en las entrañas de Le Mirage, no queda ni rastro de tu paso.

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